lunes, 27 de enero de 2014

El Guerrero del Hacha

Su ventana era la más alta y daba al sur oeste, supo que Arjuna había sido vencido al instante mismo que ocurrió.  Media casi una brazada mas que un hombre normal y sus musculos parecìan reventar bajo la morena piel, reviso su arco y sus extrañas flechas, al tocarlas arcos de energía saltaron y aunque era un arquero más que excelente su potencia estaba en su hacha, medía lo que un enano promedio y sus dos hojas tenían un filo tan peligroso que con solo verlo cortaba, decían que el hacha pesaba lo que pesaba una montaña. Se colocó su faldón de piel blanca con manchas negras y se lo ajustó fuertemente, se calzó las botas que llegaban casi hasta sus rodillas, terminó de armar su arco con una daga que había traspazado más de un craneo y la colgo de un gancho que se encontraba al lado de su camastro, luego continuó con su ritual.

Tenia una espada corta de romo ancho que funcionaba mas como un hacha que como una espada y una maza que usaba para quebrar huesos, se piernas principalmente, por último revisó muy concienzudamente su rodela de metal, revisó el filo y como ultimo paso engarzó la veintena de flechas que siempre lo acompañaban.

Pasó por su cara la parte del antebrazo de la armadura, la única parte de armadura que necesitaba, pasó un lazo por su abundante y desgreñado cabello, se atuso la barba y salió de sus aposentos a disfrutar de una opipara cena, si, estaba seguro, el Bhaargava, no sería tan fácil de vencer como Arjuna, de eso estaba seguro.


martes, 7 de enero de 2014

ONDAS I


Como una piedra en un estanque tranquilo, así aún repercute lo que el archimago ciego ha hecho con el grupo.

El bárbaro jamas había sentido un dolor así, en combate las heridas eran algo normal, incluso había perdido su pierna, pero este dolor era algo para lo que nadie podía estar preparado. Todo el momento de la operación estuvo despierto, incluso cuando se desmayaba por el dolor el archimago esperaba a que volviera en si para continuar escarbando en la carne y en el hueso, Krong sintió como las humillantes lágrimas quemaban su rostro y en verdad no supo cuanto tiempo duro esta tortura, solo sabía que para él, había sido una eternidad de dolor y sufrimiento.

-¡Balin, levantate!- Sabía el nombre de la enana, era Donna, pero Balín, no le dijo nada ese nombre, se incorporó y fue donde Donna lo esperaba.  Reconocía a todos los que estaban a la mesa pero al mirar su reflejo en la sopa que estaba en la mesa no reconoció a ese enano, miro a todos, los reconoció pero el era nadie y sintió el frio de la muerte en vida.

Vió sus regordetas manos, le picaban, mucho, y alzó la vista, vió la luna con nuevos ojos, sabía que de ahora en adelante sería su ama y señora, marcaría su vida.  No sabía en que se transformaría, pero sabía que acortaría su vida en muchos años, tenía que encontrar una cura, y que ojala fuera rápido.